La Escuela, primera institución socializadora

Señor director:

Lo ocurrido en Calama y tantos otros episodios de violencia en colegios nos impacta como sociedad y nos demanda, como sistema educativo, a revisar cómo estamos abordando la convivencia escolar a nivel educativo.

Aun cuando existen políticas orientadas a la convivencia educativa, las respuestas al interior de muchos recintos han tendido al control más que a la prevención. Detectores de metales y otros recursos tecnológicos permitidos en la Ley de Convivencia Escolar publicada en el Diario Oficial, pueden ser necesarias, pero resultan insuficientes si no se acompañan de una mirada socioemocional que promueva el buen trato, genere instancias de apoyo y contención, y se traduzca en planes de trabajo. No basta con identificar fallas puntuales; es necesario analizar las condiciones que permiten que estos hechos se gesten.

Fortalecer la convivencia exige equipos con tiempo, formación y presencia. El Encargado de Convivencia muchas veces se ve sobrecargado y requiere apoyo técnico especializado que contribuya a la promoción de la convivencia educativa, intervenga oportunamente y sostenga conflictos en el día a día. El desafío no es solo reaccionar, sino anticipar y brindar una formación integral, desde el vínculo y el cuidado con la familia deseablemente, sin embargo, asumiendo que muchas veces esta última se encuentre ausente.

La tarea es recuperar la escuela como la primera institución socializadora del ser humano. Necesitamos profesionales que no solo dominen su asignatura, sino que tengan las herramientas para construir comunidad. Si no garantizamos un entorno saludable hoy, estaremos negándoles la capacidad para construir una sociedad más sana.

Ana María Tello, directora Escuela de Educación Iplacex.
Aun cuando existen políticas orientadas a la convivencia educativa, las respuestas al interior de muchos recintos han tendido al control más que a la prevención. Detectores de metales y otros recursos tecnológicos permitidos en la Ley de Convivencia Escolar publicada en el Diario Oficial, pueden ser necesarias, pero resultan insuficientes si no se acompañan de una mirada socioemocional que promueva el buen trato, genere instancias de apoyo y contención, y se traduzca en planes de trabajo. No basta con identificar fallas puntuales; es necesario analizar las condiciones que permiten que estos hechos se gesten.

Fortalecer la convivencia exige equipos con tiempo, formación y presencia. El Encargado de Convivencia muchas veces se ve sobrecargado y requiere apoyo técnico especializado que contribuya a la promoción de la convivencia educativa, intervenga oportunamente y sostenga conflictos en el día a día. El desafío no es solo reaccionar, sino anticipar y brindar una formación integral, desde el vínculo y el cuidado con la familia deseablemente, sin embargo, asumiendo que muchas veces esta última se encuentre ausente.

La tarea es recuperar la escuela como la primera institución socializadora del ser humano. Necesitamos profesionales que no solo dominen su asignatura, sino que tengan las herramientas para construir comunidad. Si no garantizamos un entorno saludable hoy, estaremos negándoles la capacidad para construir una sociedad más sana.

Ana María Tello, directora Escuela de Educación Iplacex.




¿El desafío de la vida adulta en el espectro autista

Al conmemorar el Día de Concienciación sobre el Autismo, este 2 de abril, es inevitable reconocer el camino recorrido. Hoy vemos a más estudiantes en el espectro autista participando en aulas y experiencias educativas junto a sus pares. Las escuelas han avanzado en abrir espacios, implementar apoyos y reconocer que la diversidad es parte natural de toda comunidad educativa.

Nada de esto ha ocurrido por casualidad. Es resultado del trabajo de docentes, profesionales, las propias personas en el espectro y sus familias que han impulsado cambios para garantizar el derecho a la educación. Gracias a ese esfuerzo, hoy miles de estudiantes pueden aprender, convivir y crecer dentro del sistema escolar.

¿Y después de la escuela qué? El desafío de la vida adulta en el espectro autista

Sin embargo, ¿qué ocurre social, laboral y educacionalmente, después de la escuela?

 

Para muchas personas en el espectro autista, el camino que parecía abrirse durante la etapa escolar vuelve a estrecharse cuando aparece el mundo adulto. La inclusión que hemos logrado construir en la infancia y la adolescencia no siempre logra sostenerse en los espacios laborales, en la educación superior o en la vida comunitaria.

 

Parte de esta dificultad tiene que ver con cómo nuestra sociedad entiende la productividad y el valor de las personas en la vida adulta. En la niñez, solemos aceptar que cada estudiante aprende de manera distinta y requiere apoyos diversos. Sin embargo, en la adultez se espera que todos respondan a los mismos parámetros: rapidez, eficiencia inmediata, estilos de comunicación normativos o habilidades sociales estandarizadas.

 

A esto se suma otro desafío que también debemos mirar: la educación que entregamos no siempre prepara para la vida adulta. Con frecuencia sigue siendo excesivamente académica, parcelada y desconectada de las competencias necesarias para participar activamente en la comunidad, en el trabajo o en proyectos de vida autónomos. Si no pensamos las trayectorias educativas de manera integral, desde la infancia hasta la vida adulta, corremos el riesgo de construir procesos escolares inclusivos que luego no encuentran continuidad fuera de la escuela.

 

Por eso, la inclusión no puede seguir siendo entendida únicamente como una tarea del sistema educativo. El desafío que tenemos por delante involucra a toda la sociedad, legisladores que diseñen políticas públicas, instituciones de educación superior que generen apoyos reales, empresas que abran oportunidades laborales inclusivas y comunidades que dejen de entender la diversidad como una excepción, para asumirla como parte natural de la condición humana.

 

Durante años, docentes, familias y comunidades han trabajado para abrir las puertas de la inclusión en las escuelas. Hoy, miles de estudiantes en el espectro han logrado cruzarlas. El desafío que comienza ahora es asegurar que esas puertas no se cierren en la vida adulta, y que detrás de ellas existan oportunidades reales para estudiar, trabajar y participar plenamente en la sociedad.

 

El camino hacia una inclusión plena aún se está construyendo. Y quizá el mayor desafío que tenemos por delante es comprender que la inclusión no puede ser solo una experiencia que ocurre dentro de una sala de clases. Debe ser un proyecto social que acompañe a las personas a lo largo de toda su vida. Porque cuando una sociedad comprende que la diversidad es la norma, no solo abre oportunidades para algunos, sino que se vuelve una sociedad más humana para todos.

 

Exequiel Coñoman Rojas

Docente líder de Inclusión, Escuela de Educación Instituto Iplacex. 




Biopsias mínimamente invasivas revolucionan diagnóstico de cáncer de mama

Las mejoras en el diagnóstico de cáncer de mama a través de la Biopsia Asistida al Vacío (BAV), la que es mínimamente invasiva y permite obtener mayor cantidad de tejido con una sola punción.Según la Dra. Paula Cifras, médica radióloga de la Universidad de Chile y quien ha aplicado dicha técnica desde octubre de 2024, este procedimiento permite reducir las cirugías posteriores. “Esto libera cupos quirúrgicos para mujeres con cáncer confirmado y podría ayudar a descongestionar las listas de espera”.

 

La incidencia del cáncer de mama nos recuerda la importancia de fortalecer la detección y el diagnóstico temprano. De acuerdo con datos del Minsal reportados en 2021, el 77,7% de las mujeres con cáncer de mama fallecen antes de los 80 años de edad.

 

Las mayores tasas de mortalidad prematura y de años de vida potencial perdidos por cáncer de mama en las mujeres se han obtenido en las regiones de Valparaíso, Magallanes y O’Higgins; información que representa un desafío para incorporar políticas públicas con dimensión territorial. La mayor cantidad de años de vida potencial perdidos estuvo concentrada en el grupo de 50 a 64 años.

Claudia Ávila Bravo